mercredi 23 juin 2010

FIDEUA


No es que me comiera una fideua el día pasado, sino que es el nombre que le he puesto a una gatita siamesa que me encontré el otro día entre los arbustos del jardín. Vaya nombre le has puesto, me diréis, pero fue idea de Caro, quien acordándose de cuando se comió una fideua la primera vez que estubo en Catalunya conmigo, dijo que era un nombre bonito para una gatita. Pero comencemos por el principio.

La historia comienza hace a penas una semana, cuando quitando malas yerbas en el huerto que está en la parte baja del jardín de la casita de paja, comencé a escuchar unos pequeños maullidos entro los arbustos que separan el jardín de la carretera. Por lo tanto, curioso como soy, me abro camino apartando una cuantas ramas y cual es mi sorpresa al encontrarme un pequeño gatito muy blanquito que estaba aterrorizado. En un momento mi mente se pone a pensar en rescatar al gatito, pues justo al lado pasa la carretera, que aunque no es muy transitada, los coches van a más de 70. Por otro lado me digo que me estoy metiendo en un lío, pues yo que nunca he querido tener ni perros, ni gatos, en todo caso no hasta que tenga un buen terreno donde puedan campar a sus anchas, es más, yo que estoy en contra de la mascotización a causa de todos los problemas que acarrea a la sociedad y por el consumo innecesario que se produce, me estaba encontrando a cargo de un gatito, pues sin ser muy listo creo que todos sabemos que un gatito al lado de una carretera que sale de quien sabe donde, es que o lo han puesto allí, o que la madre era una gata rara y solo ha parido uno y llegado el momento lo ha abandonado.

No he puesto anuncios, ni nada por el estilo de gatito perdido si quieren recuperarlo llamen a tal número, pues sé de antemano que nadie llamará. Simplemente me estoy haciendo a la idea e intento cuidarlo bien pero a mi modo, como si fuera un poco salvaje. Primero de todo me he ido a ver a un vecino que tiene mil gatos para que lo mire. Diagnóstico, el gato, que resulta ser gata, tenía pinta de no haber acabado de ser amamantado, menos de dos meses por lo tanto, pero en buen estado de salud, sin ninguna enfermedad, ni pulgas, ni otro cosas por el estilo. Por lo tanto, no había problema por meterlo en mi casita, pero tendríamos que luchar para que saliera a delante. Nada de leche de vaca, pues podría darle diarreras, por lo tanto, comienzo a darle restos. El vecino me da una caijita y las piedrecitas esas para que yo enseñe a la gata a hacer sus necesidades allí dentro.

El primer día el gato lo pasó fatal, sin moverse, ni comer, ni hacer caca, ni beber, nada de nada. Yo me dedico a enseñarle todo tal como me ha mostrado el vecino, pero el gato se mete a arañarme y enseñarme los dientes, así que desisto. Al segundo día, llega la aventura, el gato sigue sin comer, ni beber, ni nada y un momento que lo pongo en la terraza, comienza a correr y se escapa debajo de un tablado donde no tengo acceso. Caro y yo lo llamamos, no hay manera, por lo que pasa una noche y todo un día allí debajo y yo ya lo daba por muerto o desaparecido. Antes de que caiga la noche, mientras jugaba con Amapola en el jardín, lo oigo maullar y lo veo, pero no quiere salir. Le pongo comida y cuando se acerca para oler, lo agarro y para dentro. Le pego una buena bronca diciéndole que se lo comería el zorro o un halcón (no para darle miedo como a los niños, sino que puede pasar de verdad) y no sé que cambio se produce, pero a partir de allí todo va bien, como si yo fuera su salvador, se deja acariciar, juega, come, bebe, hace caca. Entonces, segunda sorpresa, el gato come sin problemas una paté "campagnarde" medio mohoso que me trae Caro y hace caca y pipi en su cajita. Segundo diagnóstico del vecino, el gato ha sido criado en una casa y los dueños, que no han querido matarlo, pero se han visto, a lo mejor, con unos 7 u 8 gatitos, los han intentado dar y cuando han quedado los últimos, o el último, y han visto que ya comía y que era limpio, lo han abandonado con la esperanza que lo encuentre alguien (esto lo dice porque lo han dejado cerca de viviendas). Total, el pringado soy yo.

Para acabar, que la he llamado Fideua y que por ahora me la quedo, pues no molesta mucho. Solo hace que jugar, a veces pide caricias y vuelve loca a Amapola, que está todo contenta. Por ahora come los restos, que hay que decir que desde que la gata está en casa, hay más que nunca para alimentarla, pero bueno, prefiero darle un poco de lo que yo como a comprar comida para gatos que a saber lo que ponen y de donde sale, con todos los envases que no se reciclan, etc. Caro me trae sus restos y muchos vecinos también, a tal punto que si la gata se come todo va a rebentar. Mi vecino me da la arena para sus necesidades y me ha dicho que si la enseño, después irá fuera, al prado que hay al lado. Además, los siameses son muy inteligentes y buenos cazadores, por lo que se ocupará bien de mi huerto y me traera curiosos regalos (cabezas de ratoncillos, patas de pajaritos y colas de lagarto, mmm). En definitiva, hay un nuevo miembro en la casita de paja.

7 comentarios:

panterablanca a dit…

Los gatos son muy independientes, apenas dan trabajo. Y además son animales muy relajantes. Seguro que a Amapola le irá muy bien tener esta compañera de juegos.
Besos selváticos.

Animal de Fondo a dit…

Yo también pienso que Amapola se lo va a pasar en grande. Está bonita la historia, y sospecho que os iréis haciendo grandes amigos.
¡Recuerdos!

el lanzador de botellas a dit…

Entiendo y respeto tu postura contra la mascotización, pero bien llevada, es una experiencia muy bonita para tu hija, y muy educativa (yo he tenido patos, gatos, perros, una cabra, una yegua, tortugas...).

Además, si lo alimentas de restos, no sólo no consumes sino que aprovechas. Ya verás qué bien :-)

Lola a dit…

Me encanta la historia Eloi. Yo pienso que es muy bueno que los niños se crien con un animal al que quieren y cuidan.
Ya nos irás contando como se acostumbra Fideua a la vida de familia. Un abrazo Lola

Eloi BLQ a dit…

Saludos a todos

pues por ahora las cosas siguen muy bien. Fideua comienza a salir fuera, a jugar y vuelve a casa, sigue comiendo restos y tiene una pinta estupenda, solo falta que comience a hacer sus necesidades en el prado de al lado.

abrazos

Franziska a dit…

na historia encantadora la de Fideua y tan tierna y tan real. Sabes, a mi me encantan los gatos porque pueden llegar a mostrarse tan delicados que parece mentira que tales atenciones procedan de un animalito. Creo que ha tenido mucha suerte porque ha caído en las mejores manos.

Me he reincorporado hoy a mis actividades en los blogs y estoy haciendo las visitas de rutina. He estado leyendo tus entradas anteriores a ésta, ahora te iré dejando algún comentario.

Eloi BLQ a dit…

saludos franziska

es un placer tenerte de nuevo por aquí.

ahora la gatita me ha pillado pulgas... con el calor y la humedad que hace no me extraña.

Estamos mirando con Caro a ver si encontramos un tratamiento ecológico

un abrazo